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El Corrector, control de calidad de la palabra |
Abrogarse-Arrogarse
Iniciamos
este muestrario de prevaricaciones lingüísticas poniendo
sobre el tapete estos dos verbos, no para censurarlos,
sino para aclarar sus acepciones de modo que no se los use sin discriminación,
pues abrogar
en lenguaje forense significa "abolir, revocar", y arrogarse
es "atribuirse,
apropiarse".
Se puede abrogar una ley, un código, una ordenanza, y arrogarse
derechos, facultades,
atribuciones, pero no
abrogárselos. Téngase
presente también que arrogar se usa
tan sólo para cosas inmateriales. Arrogarnos dinero ajeno, por ejemplo,
nos está prohibido por la ley, pero antes por la gramática.
A
las 21 horas-A las 21
Un
vulgarismo, más que barbarismo, de muy amplia difusión es el
agregado de la palabra horas al número con que se las
indica. Puesto que la 1, las 22, etcétera, son los nombres de aquéllas, no
necesitan de otro sustantivo que las identifique. Es costumbre de los
franceses,
que no se levantan si no los despiertan con una "heures" al final. Ya
que estamos con el reloj en las manos, agreguemos que como preguntamos siempre
por una hora
y no por varias debemos hacerlo en singular: ¿Qué
hora es?, y no ¿qué horas son?, y contestar en singular sólo para
la 0 y la 1: Es la cero; el reloj
dio la una y media. Las demás se
dan en plural: Volvimos a las 21;
dieron las
11; sucedió entre las 4 y las
5; son las 8, etcétera.
Breves
minutos-Pocos minutos
No es que queramos hilar muy fino en esto de breves minutos, pero está censurado por los buenos hablistas anteponer a un sustantivo como minuto, que no expresa otra cosa que un período de sesenta segundos, el adjetivo breve, como si quisiéramos achicar en su duración algo que no puede estirarse ni encogerse. Con decir pocos o algunos minutos dejaremos tranquilos a los exigentes.
Caparazón (la)-Caparazón (el)
Contrariamente a lo que sucede con armazón, que los más convierten en masculino, ocurre con caparazón, que muchos truecan en femenino. Recuérdese siempre que, así como la armazón es femenina, el caparazón es masculino.
Carie-Caries
Cerca
suyo-Cerca de él
Atrás
mío, cerca tuyo, delante suyo, detrás nuestro,
etcétera, se oyen por doquier, mas téngase
presente que mío, tuyo, nuestro, suyo y vuestro son pronombres
posesivos, o sea que denotan
lo que nos pertenece, y su acompañante no puede ser
nunca un adverbio de lugar, como en los casos precedentes.
Estaremos mejor ubicados diciendo cerca de
mí, delante de
ti, detrás de nosotros,
etcétera, como corresponde.
Cien
por ciento-
Ciento por ciento
Cien,
apócope de ciento, sólo puede usarse antes de un sustantivo;
por eso lo apocopamos indebidamente
en la locución cien por ciento. Puede decirse, por ejemplo: "Cacé
cien pájaros",
pero si nos preguntan: "¿Cuántos pájaros cazaste?", debemos
contestar: "Ciento".
Consecuentemente, en el caso del epígrafe lo correcto es ciento
por ciento.
En la locución de cien en cien,
seguido de sustantivo el segundo, se apocopa también el primero, según puede
verse en el Diccionario de la Academia en
el artículo jubileo: "de cien
en cien años".
Como
así-Así como
Los
que expresan como así en vez de así
como sepan que como
puede llevar antepuesto el adverbio así,
pero no pospuesto. En oraciones en
que como enlaza complementos circunstanciales:
"...así por esto como
por aquello", equivale a las combinaciones "no sólo",
"sino también". De ahí el uso de así
como juntando dos miembros que se reputan de igual importancia -así
Juan como Pedro-, al primero de los
cuales se puede trasladar antes del adverbio así
-Juan, así como
Pedro-, pero dejando como donde
estaba. Por lo tanto, diciendo como así vamos de contramano.
De acuerdo a-De acuerdo con
El
modo adverbial de acuerdo, que
significa "de conformidad", sigue el régimen del verbo
acordar, de modo que
siempre se está de acuerdo con algo
y no de acuerdo a, máxime que aquella
locución va precedida casi siempre de los verbos estar, quedar y ponerse.
Decimoprimero-Undécimo
En
base a. A base de-
Basado en. Sobre la base de
Hay una manera muy cómoda de expresar que algo está compuesto de determinados materiales o tiene ciertos ingredientes como, por ejemplo, "postre a base de frutillas" y "mezcla a base de cal y cemento", o también de hacer afirmaciones "en base a suposiciones". Las preposiciones a y en no tienen nada que hacer juntas con el sustantivo base, "fundamento o apoyo principal en que estriba o descansa alguna cosa". Basarse en lo que uno crea conveniente o hacer una cosa o afirmación sobre la base de algo lo podemos tolerar, pero las construcciones que damos al principio carecen de base.
Las oraciones explicativas y enunciativas, o sea que sirven de complemento a verbos de entendimiento, se enlazan con su principal mediante la conjunción que solamente. Si preguntamos: ¿Qué dijo?, respondemos: Dijo que no le gusta. Ahí es donde, para no caer en el incorrecto "dequeísmo", no debe aparecer la preposición de (Dijo de que...), puesto que ella no forma parte de la pregunta.
Pero las oraciones sustantivas, que hacen de complemento de un sustantivo o un adjetivo, la llevan. Ejemplo: El tema de que te hablé (o del cual te hablé), donde de que te hablé es complemento de tema. Asimismo, las conjunciones de que, ya que, como y como que enlazan las oraciones principales con las subordinadas. A la pregunta: ¿De qué te alegras?, respondemos: Me alegro de...que todo haya salido bien. Todo haya salido bien es la oración subordinada (con su correspondiente sujeto, predicado y complemento) y la enlazamos a la principal con la conjunción que, lo cual no tiene nada de pecaminoso.
Pero si contestamos: Me alegro de...todo, este último es objeto directo, y allí es donde el que no debe aparecer, como no sea para caer en el "dequeísmo" nuevamente. Otros ejemplos: ¿De qué te has enterado? Me he enterado de...muchas cosas (objeto directo). Me he enterado de...que muchas cosas no son como me las contaron (oración subordinada). ¿De qué te enorgulleces? Me enorgullezco de...mi hijo (objeto directo). Me enorgullezco de...que mi hijo haya triunfado (oración subordinada). No nos preocupemos, pues, creyendo que la conjunción de que nos hace prevaricar permanentemente para caer en el censurado "dequeísmo".
Todo
consiste en saber establecer la diferencia que hay entre una oración sustantiva
y una explicativa o enunciativa y entre un objeto directo y una oración
subordinada, además de no olvidar que la preposición de
forma parte de la oración principal y la conjunción que
se le une para enlazarla con el pensamiento que sigue.
Uno de los pleonasmos o redundancias en que más se incurre en documentos oficiales y discursos parlamentarios es erario público. ¿Y qué es el erario? Pues el "tesoro público de una nación, provincia o pueblo". Entonces dejemos el erario sin público, que no lo necesita.
Si los que al gran país del Norte le llaman Estados Unidos de Norteamérica repararan tan sólo en las universalmente conocidas siglas U.S.A. con que también se lo identifica, se evitarían un yerro muy generalizado, pues aquéllas responden al inglés United States of America.
Cuesta
poco comprender que la traducción exacta al castellano es Estados Unidos
de América, y por lo tanto hay un Norte que sobra. Digamos de paso que sus
habitantes son norteamericanos (no
americanos solamente, que esto lo son los oriundos de toda América) y desde la
XVIII edición del Diccionario oficial (1956) también estadounidenses,
gentilicio éste que anduvo mucho tiempo sin patria.
La aparición del diptongo ue en el adjetivo fuerte hace que generalmente se crea que su superlativo es fuertísimo, pero téngase en cuenta que aquél proviene del latín fortis y no se verá la anomalía en que el superlativo correcto sea fortísimo. Y a no olvidar que el adverbio de modo que de él se deriva es, en consecuencia, fortísimamente.
Ante
la aparición de garaje en el
Diccionario oficial no podemos menos que exclamar ¡bienvenido!
Nada más acertado que la castellanización del francés garage,
convirtiendo la g en j, como se
lo ha hecho con tantos vocablos de procedencia y terminación similares:
peregrinaje, maquillaje, sabotaje, etcétera.
Está muy arraigada en el pueblo la costumbre de pedir que a uno lo llamen por teléfono diciendo "deme un golpe de teléfono". Esta clase de golpes, un tanto peligrosos si se toma la frase al pie de la letra, adolece del mismo vicio que el golpe de puño, y lo correcto es decir simplemente "llámeme por teléfono" o "deme un telefonazo".
ineptas -término "poco apto" para tratar a
un semejante-, y si queremos ser más disimulados, desechando a desapto,
que es anticuado, digamos inhábil, inexperimentado,
novato, inexperto o novicio,
menos hirientes que aquél para señalar a alguien poco
"canchero". (A no espantarse, que éste ha sido admitido como
argentinismo.)
Interín-Ínterin
En oraciones donde se desea expresar la idea de interinidad hemos oído hasta hartarnos decir interín, con un acento que convierte en aguda una voz que es, sin vuelta de hoja, esdrújula: ínterin, sinónimo, asimismo, de los adverbios de tiempo mientras o entretanto. Es un poco más cómodo pronunciarla como aguda, pero, en el ínterin, dejemos la comodidad a un lado.
Uno
de los pleonasmos más corrientes en el habla popular es lapso
de tiempo. Significando lapso
"curso de un espacio de tiempo" es una redundancia el
tiempo que se le añade sin necesidad. Y es tiempo perdido.
Más
de uno quedó-Más de uno quedaron
La lógica más elemental nos indica en el caso del epígrafe que más de uno son, por lo menos, dos. Y si nos referimos a dos o más personas o cosas es obvio que éstas quedaron y no quedó. Por lo tanto, olvidémonos de ese uno que está al lado del verbo y digamos exactamente: Más de uno quedaron, fueron, no pudieron, se expresan, etcétera.
Motu propio-Motu proprio
Ni bien-No bien
El modo adverbial no bien equivale a tan luego como. Nos habremos expresado convenientemente, pues, en estos casos: "No bien anocheció, me marché", "No bien hubo llegado comenzó a llover", y tantos otros. Pero los que dicen "ni bien anocheció..." o "ni bien hubo llegado ...", etcétera, descarrían, porque la conjunción copulativa ni enlaza palabras o frases denotando negación, precedida o seguida de otra u otras: "No lo aceptó ni lo rechazó". Solamente en frases de sentido contrapuesto el modo adverbial ni bien tiene pase libre como sinónimo de no del todo, pero no en las que nos sirvieron de ejemplo al principio.
Goza
de mucha preferencia, aun entre gente que presume de bien hablada, un adjetivo
que no pertenece a la familia:
paradojal. Lo que encierra una paradoja es tan sólo paradójico.
Aunque no está tan solo, porque también figura -sin que nadie
lo use, por cierto- paradojo-ja con
la misma función de adjetivo e igual significado que aquél.
Paragua-Paraguas
Primer
vez-Primera vez
El
adjetivo numeral primero pierde la última letra cuando precede al sustantivo,
dice la gramática. Y leyendo esto muchos se largan a decir la primer
vez, la primer mujer, etcétera. Hay que tener presente que la o se
elimina cuando el sustantivo que sigue es masculino, pero
delante de un nombre femenino aquélla se trueca en una a: la primera
vez, la primera mujer,
y por lo tanto no se apocopa. En el primer
caso, el primer hombre, sí nos es lícito
prescindir de la o.
Quizá-Quizás
Los adverbios de duda quizá y quizás son igualmente correctos, pero se aconseja (nada más que se aconseja) usar el primero, y no quizás, cuando la palabra que le sigue comienza con s, para evitar el encuentro de dos consonantes iguales (quizá sea así) y quizás con preferencia cuando la voz siguiente empieza en vocal o h (quizás ahora escarmiente; quizás haya sido mejor).
Revisación-Revisión
Sierra
sinfín-Sierra sin fin
Esas
sierras circulares que giran interminablemente -mientras no haya
cortes de energía eléctrica- reciben en la
industria el nombre de sierras sin fin,
así, separado, porque indica que su movimiento no tiene fin.
Vemos tantas veces escrito sinfín que ello nos fuerza a recordar que
sinfín, junto, significa "infinidad, sinnúmero"; y éste,
a lo sumo, nos serviría para decir que las sierras sin
fin tienen un sinfín de dientes.
Suplantar-Suplir, reemplazar
Quien
conozca bien la acepción de suplantar a buen seguro que
usará éste con sumo cuidado, pues
no quiere decir otra cosa que "falsificar un escrito con palabras que alteren
el sentido que antes tenía" y "ocupar con malas artes el lugar de
otro, defraudándole el derecho, empleo o favor de que
disfrutaba". Como se ve, para no andar a los puntapiés con
la Justicia o los amigos conviene siempre suplir
o reemplazar a alguien, pero nunca suplantarlo.
Uno
de los que quedó-Uno de los que
quedaron
En
oraciones al tenor de "Uno de los que quedó...",
"Uno de los que vino..." y tantas otras, el
verbo debe ir en plural, porque en ellas expresamos que entre los
que quedaron o los que
vinieron nos referimos a uno de
ellos. Dichos verbos, pues, se pluralizan porque están relacionados
con varias personas (los) y no con una sola.
Vayámosnos-Vayámonos
Vertir-Verter
La
irregularidad del verbo verter, especialmente
en el presente de indicativo (yo vierto, tu viertes,
él vierte...), hace que algunos crean que el infinitivo correcto
es vertir y que su conjugación es análoga a la de
sentir. Pues no; siendo su procedencia del latín vertere,
no nos será difícil recordar que el verdadero verbo es verter.
En cuanto a su conjugación, sírvanos de modelo tender
para todas sus desinencias.
Esta
miscelánea corresponde al libro Secretos
y sorpresas del idioma,
de Luis Canosa, con el que tantos
correctores dimos nuestros primeros pasos
en el oficio hace muchos años.